Lorena Benítez nació el 3 de diciembre de 1998 en Luis Guillón, Buenos Aires, Argentina. Se desempeña como futbolista volante en Boca Juniors, Kimberley y forma parte de la Selección Nacional de Fútbol de Argentina.
Es hija de inmigrantes paraguayos, y por eso su padre quería que jugara para Paraguay. Sin embargo una vez que fue citada para las Selecciones Juveniles quedó zanjado todo tipo de duda.
Por: Franco Welter

Su historia comenzó desde muy pequeña en su ciudad de nacimiento, entre potreros, clubes de barrio y amigos. Lorena se hacía pasar por varón para poder empezar a jugar en un club, se sacaba sus aros, se vestía con el uniforme y entrenaba en el Club Defensores de Luis Guillón manteniendo una doble identidad hasta sus 11 años ya que en ese momento el fútbol infantil era solo para nenes, permitiéndole forjar una experiencia muy temprana que sería la base principal para el resto de su carrera.
Para llegar a este presente, Lorena la peleó siempre desde abajo y marcando diferencia. Su performance en la cancha era tal que a los 12 años modificaron el reglamento de la liga de Monte Grande para que ella pudiera entrar. En ese momento jugaba en el Club Asociación Vecinos Unidos (AVU) del barrio.
Comenzó desde muy chica en San Lorenzo, tanto que su debut en la Primera División de AFA le costó una derrota en los escritorios al Ciclón: fue incluida antes de cumplir los 14 años, edad mínima reglamentaria, y su rival terminó pidiendo los puntos. En el club de Boedo se desempeñó tanto en fútbol como en futsal hasta 2016, año en el que pasó a Boca. Si bien en el fútbol sala siguió jugando un tiempo más en San Lorenzo finalmente recaló en Kimberley, en donde tuvo la posibilidad de crecer y de conocer a Verónica. Hoy en día vive un gran presente en sus clubes, al igual que fuera de la cancha: en el Xeneize consiguió afianzarse en el once titular y fue una pieza importante en el subcampeonato, y en el Celeste volvió a ser la figura en un nuevo título del equipo.

A los 19 años, ya de novia con Verónica Rivero, titular de la comisión de Futsal Femenino en AFA, decidió realizar un tratamiento de fertilización en el cual se extraía óvulos para que Verónica lleve adelante el embarazo. Actualmente son madres de Renata y Ezequiel, dos bebés que según afirma Lorena por suerte se adelantaron al inicio del Mundial Femenino 2019.
Ya con una edad adecuada Lorena fue convocada a la Selección sub 17 y después a la sub 20. La carrera hacia el Mundial fue, en medio de la gestación de los mellizos, de un vértigo total. “Habíamos tomado la decisión de formar una familia mucho antes, y se dio todo junto. Me enteré a último momento de que iba a la gira en Australia, entrené dos semanas y salí. Luego no fui a Estados Unidos porque Vero estaba a punto de parir. No sabía si iba a ir a Francia, pero me convocaron y fue una alegría inmensa”, cuenta. Aunque juega en dos clubes (Boca y Kimberley), se sostiene económicamente con un local mayorista que ella y su pareja atienden de madrugada en el Mercado Central. “Duermo una hora y media o dos y salgo a laburar y entrenar”, resumió.
Ahora, se suma la maternidad. “Es una nueva vida a todo nivel, me estoy acostumbrando y acomodando horarios. Pasaron cosas muy fuertes en estos meses. Lo del Mundial creo que ayuda a que haya cambios en la Argentina, que existan cada más escuelitas de fútbol para chicas y tengamos las mismas oportunidades”.
Tras representar a la Selección Argentina en el Mundial de Francia 2019, cumpliendo un sueño, volvió con una decisión tomada. La rutina que lleva es inviable: trabaja por la madrugada en el mercado central con su pareja, duerme pocas horas y va a entrenar. No solo juega en Boca, sino también está en el plantel de futsal de Kimberley y la Selección.
Lo primero es lo que la mantiene económicamente, por lo que dejar el fútbol parece ser su mejor opción, por más dolor que le cause. «Primero la familia», afirma.

Al enterarse de la convocatoria de Carlos Borrello, contó: «Apenas me mandaron la citación para la Selección me di de baja. No iba a jugar más, tengo que trabajar para mi familia. De Boca me volvieron a hablar y me dieron una mano para que no deje el club y acepté. Pero terminaré el año y después seguro me dedicaré a mi familia. Con el trabajo que tengo, no puedo. Y no puedo dejar el trabajo. Ojalá fuera como con los varones. Rechacé varias ofertas del exterior, no puedo ir con mi familia. Mientras trabajemos las dos nada les va a faltar a los mellizos. Yo ya cumplí mi sueño, hoy sólo me importan ellos”.
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